29 de julio de 2015

SUMA Y SIGUE


Cuando de pequeña iba al economato de Ensidesa con mi madre y además de su compra llevaba algo para alguna vecina, le decía al cajero "suma y sigue". Ese era mi concepto de suma y sigue, vinculado al economato y en boca de mi madre. Hoy ya no existe el economato, reconvertido en supermercados Árbol, mi madre no compra para nadie y el "suma y sigue", ha cobrado otro valor.

En los últimos meses muchas cosas han ido sumando. La más importante y dolorosa, la muerte de mi padre. Cada vez que lo recuerdo, es con lágrimas en los ojos. Imposible no llorar cuando pienso en él.  En los últimos días se ha intensificado este dolor porque no puedo dejar de ver su cara de orgullo cuando, sentado en su sofá, le hubiera contado que había aprobado por fin. Mi hermano mayor me llamó para decirme lo que me hubiera dicho mi padre y aunque no fue lo mismo,  necesitaba escucharlo.

Mi padre siempre ha sido vital en mi vida. Todo el mundo nos decía que éramos iguales. Durante un tiempo aquello me pareció terrible, pero con el paso de los años me he dado cuenta de que, tras el salto generacional, había muchísimas cosas en común. Entre esas cosas hay un legado de honestidad, amor, generosidad y sobre todo verdad, mucha verdad. Una verdad entendida desde el saber estar, el respeto al otro,  la sinceridad y la confianza.  Mi sobrina Carla escribía algo así como que posiblemente no fuese el más simpático, ni el más agradable pero que tenía un montón de virtudes. Había mucho debajo de él. Nos enseñó a ser "de verdad",  a confiar en los demás, a no engañar, a dar cuando te necesitan, el valor de la fidelidad...

Hoy estoy feliz de haber podido tener un padre de esta altura pero le echo tanto de menos...si pudiera compartir con él una hora... solo una hora... él sentado en su sofá y yo junto a él, cogiéndole la mano, o echándole crema en las piernas...solo una hora...y ver su cara, olerlo, acariciarle el pelo blanco y sedoso...una hora...para que saboreara una vez más mi tarta de queso...una hora...para escuchar lo mal que cantaba...una hora...para que me contara una historia...una hora...para que se quejara de los bancos, de la comunidad, del seguro, del aparejador o del constructor...una hora, solo una hora...

Tantos lugares de la infancia unidos a recuerdos recurrentes... las visitas a  Anzo, las siestas en  Peñaflor, los veranos en Hospital y las cenas en los "praos de Astorga", las jornada playeras en  Verdicio y Perlora, los días de nieve en Somiedo, los paseos por Santa María del Mar...solo recuerdos  buenos, los malos, que también los hay, están desaparecidos.


Una vez  sumado todo, sigo. Lo hago mirando atrás inevitablemente, con el corazón "roto", como me decía una compañera, pero tratando de recomponerlo a cada paso y poniendo en pie todo lo recibido. Seguimos sumando. Salud.

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